Historias y utopías para vincular historia y formación cívica

Historias y  utopías para vincular Historia y formación cívica

                    “Cuando penséis en España no olvidéis ni su historia ni su tradición, pero no creáis que la esencia española os la puede revelar el pasado. esto es lo que suelen ignorar los historiadores. Un pueblo es siempre una empresa futura, un arco tendido hacia el mañana” (Antonio Machado)

Para entender el presente, tal vez simplemente para vivirlo con cierta plenitud y conciencia, parece necesario  conocer y comprender el pasado. La historia es un saber fundamental que nos permite acercarnos a las formas de vida y al mundo de nuestros antepasados remotos y próximos con sus tristezas y alegrías, formas de pensar, de  sentir y de relacionarse; a los acontecimientos y conflictos trágicos, dramáticos o cómicos, a la pequeña y gran historia; a las novedades, cambios y transformaciones  que se enfrentaron  con consolidadas tradiciones en forma de  permanencias y resistencias.  La historia concebida como aproximaciones sucesivas al conocimiento del pasado y del presente “sine ira et studio” es una forma de diálogo entre generaciones, un necesario  ejercicio crítico y reflexivo  de construcción ética de un proyecto político de convivencia social.

 “Papá, explícame para qué sirve la historia” le pedía su hijo al historiador March Bloch, el creador de la Escuela de los Annales, el gran renovador de la Historia en el siglo XX. Marc Bloch murió fusilado, tras ser torturado durante varias horas por la Gestapo, por haber participado en la Resistencia Francesa, el 16 de junio de 1944.  Sus lecciones de historia ( “incluso si la historia fuera incapaz de otros servicios, por lo menos podría decirse a su favor que distrae”) son inseparables del compromiso que el  historiador debe al presente

Para estudiar y saber  historia hay que leer libros – no sólo de historia, sino también  las obras literarias en las que se encarna la vida) consultar periódicos, revistas y cómics, observar fotografías, mirar películas, escuchar música, viajar, navegar por internet, mirar mucho a nuestro alrededor y, nunca  dejar de  escuchar cara a cara a nuestros mayores, Y con toda la información obtenida, reflexionar y plantear hipótesis e  investigar a partir de fuentes con la única pretensión de saber, de transformar los datos en concocimiento. “Digan lo que digan, las palabras y las ideas pueden cambiar  el mundo” decía el profesor Keating en El club de los poetas muertos. El estudio de la historia, puede colaborar a generar  los cambios que  permitan construir  un mundo mejor.

José María Jover Zamora, el gran maestro de historiadores, nos dejó muchas lecciones para entender tanto la importancia del historiador  como servidor de la sociedad, como de la necesidad de un  conocimiento histórico integral que aune todos los sectores, ramas y dimensiones históricas. Un conocimiento histórico  que acierte a ofrecer a gobernantes y gobernados,  a  todos los artífices del futuro, algo indispensable para la convivencia: el conocimiento veraz y documentado de una trayectoria de experiencias nacionales que confluyen en el presente. Tomo algunas de sus palabras del discurso de ingreso en la Academia de la Historia en el que  eligió como tema “La imagen de la primera República en la Restauración”:

  “La época de la primera República aportó a la historia de España varias cosas positivas, como los contenidos utópicos necesarios para la supervivencia de los pueblos, el humanismo populista y el afán de vincular la ética con la política, pero no se pudieron aprovechar estas inquietudes por falta de sentido común y por un exceso de mitificación de la realidad”.

Entre las enseñanzas de lo que ocurrió durante aquel año de 1873, destacó el profesor  Jover las de su contenido utópico, su humanitarismo, su liberalismo, su generosidad y su afán de vincular la ética con la política. Pero también el peligro de que se instalen en la memoria histórica  de los pueblos mitos que no se correspondan con la realidad.  Pero sin renunciar a las utopías, porque un pueblo sin utopías no puede sobrevivir.

las novelas de los perdedores: iman; mr. witt en el canton; requi em por un campesino español-ramon j. sender-9788490062081

 

Luis Zapatero

Departamento de Ciencias Sociales, Geografía e Historia

Brunete, junio  de 2015

https://iberiahispaniasefaradalandalus.wordpress.com/

 

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