Cansera. Del XIX al XX, del desastre a la crisis del sistema de la Restauración

Una poesía nos  lleva del siglo XIX al XX,  de la España del 98 a la de Alfonso XIII. Comienza  la crisis del sistema de la Restauración

Cansera, agotamiento, fatiga. El profesor y maestro de historiadores José María Jover Zamora  descubrió en el poema del murciano Vicente Medina un significativo y  excepcional reflejo del pesimismo en la  mentalidad popular tras el desastre del 98

 

CANSERA

¿Pa qué quiés que vaya? Pa ver cuatro espigas
arroyás y pegás a la tierra;
pa ver los sarmientos rüines y mustios
y esnüas las cepas,
sin un grano d’uva,
ni tampoco siquiá sombra de ella…
Pa ver el barranco,
Pa ver la laera,
Sin una matuja… ¡pa ver que se embisten,
de pelás, las peñas!…
Anda tú, si quieres,
que á mí no me quea
ni un soplo d’aliento,
ni una onza de juerza,
ni ganas de verme,
ni de que me mienten siquiá la cosecha…..
Anda tú, si quieres, que yo pué que nunca
pise más la senda,
ni pué que la pase, si no es que entre cuatro,
ya muerto, me llevan…..
Anda tú, si quieres…..
No he d’ir, por mirus me lo ruegas,
por esa sendica por ande se jueron,
pa no golver nunca, tantas cosas güenas…
esperanzas, quereres, suores…
¡tó se jue por ella!
Por esa sendica se marchó aquel hijo
que murió en la guerra…..
Por esa sendica se jué la alegría…
¡por esa sendica vinieron las penas!…
No te canses, que no me remuevo;
anda tú, si quieres, y éjame que duerma,
¡a ver si es pa siempre!… ¡Si no me espertara!…
¡Tengo una cansera!…

El 98 y sus repercusiones

 Desde una perspectiva económica, no se puede hablar de desastre:

·        El fin de la guerra guerra permitió al ministro Fernández Villaverde abordar  algunas reformas necesarias en el sistema de impuestos y en la emisión de deuda, lo que supuso un saneamiento de la situación de la Hacienda. Por primera vez en mucho tiempo, el estado español tuvo superavit a principios del siglo XX.

·        La pérdida de las colonias supuso una importante repatriación de capitales que fueron invertidos en la economía peninsular.

·        España no  perdió la escasa presencia que ya se tenía en los mercados latinoamericanos.

Sin embargo, la apabullante derrota ante EE.UU. y la pérdida de más de 50.000 combatientes provocó una intensa conmoción en la sociedad española en todos los ámbitos. Políticos del régimen canovista como Francisco Silvela, que escribió “España sin pulso”; opositores socialistas o republicanos; intelectuales como Joaquín Costa; todos sintieron la pérdida de las colonias como el Desastre del 98 .

·        Esta conmoción nacional provocó una profunda crisis de la conciencia nacional que marcó la  obra crítica de los diversos autores que componen la generación del 98 (Unamuno, Baroja, Maeztu…)

·        Propuestas de reforma y modernización política como  el Regeneracionismo, con una doble vertiente de reforma política y de reforma educativa

·        Mayor empuje y presencia de los nacionalismos periféricos, ante una evidente crisis de “la idea de España”.

La derrota de 1898 había puesto de relieve de forma trágica y súbita todas las limitaciones del régimen de la Restauración y su parálisis a la hora de afrontar los problemas sociales y la modernización del país. Este ambiente se refleja en el regeneracionismo, enm la literatura del desastre, en la generación del 98, en las mentalidades del pueblo.

puerta_sol_1900

 “España, sin pulso“, es el título de un artículo publicado por Francisco Silvela, el sucesor de Cánovas al frente del Partido Conservador, en el periódico El Tiempo, después de la pérdida de Cuba, el 15 de agosto de 1898. Ministro en varias ocasiones, fue Presidente del Consejo de Ministros dos veces entre 1899 y 1903, incorporando a su gabinete figuras de la talla de Raimundo Fernández Villaverde, Polavieja, Antonio Maura o Eduardo Dato.  Silvela pretendía “una reforma total del gobierno municipal como base para la creación de una moralidad política que impidiera el funcionamiento del caciquismo y  la utilización de la política local para fines electoralistas. Es el regeneracionismo trasladado al ámbito político, el revisionismo “desde arriba” que continuará en su partido Maura y Canalejas en los liberales en los primeros años del siglo XX.

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“Los doctores de la política y los facultativos de cabecera estudiarán, sin duda, el mal; discutirán sobre sus orígenes, su clasificación y sus remedios; pero el más ajeno a la ciencia que preste alguna atención aasuntos públicos observa este singular estado de España: donde quiera que se ponga el tacto, no seencuentra el pulso (…)Monárquicos, republicanos, conservadores, liberales, todos los que tengan algún interés en que este cuerponacional viva, es fuerza se alarmen y preocupen con tal suceso […].La guerra con los ingratos hijos de Cuba no movió una sola fibra del sentimiento popular. Hablaban conelocuencia los oradores en las Cámaras de sacrificar la última peseta .y derramar la postrer gota desangre… de los demás; obsequiaban los Ayuntamientos a los soldados, que saludaban y marchabansumisos trayendo a la memoria el Ave César de los gladiadores romanos; sonaba la marcha de Cádiz; aplaudía la Prensa , y el país, inerte, dejaba hacer (…) Se descubre más tarde nuestro verdadero enemigo: lanza un reto brutal; vamos a la guerra extranjera: se acumulan en pocos días, en breves horas; las excitaciones más vivas de la esperanza, de la ilusión, de lavictoria, de las decepciones crueles, de los desencantos más amargos [..].Se hace la paz, la razón la aconseja, los hombres de sereno juicio no la discuten; pero ella significa nuestro vencimiento, la expulsión de nuestra bandera de las tierras que descubrimos y conquistamos[…]. Todos esperaban o temían un estremecimiento de la conciencia popular: sólo se advierte una nubegeneral de silenciosa tristeza que presta como un fondo gris al cuadro, pero sin alterar vidas pero, nicostumbres, ni diversiones, ni sumisión al que, sin saber por qué ni para que, le toque ocupar el Gobierno(…)

FRANCISCO SILVELA, “España sin pulso», en “El Tiempo”. 16 de agosto 1898.”

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El Regeneracionismo de Joaquín Costa fue la principal expresión de una renovada conciencia nacional que aspiraba a la reforma del país. El pensamiento de Costa se basó en una crítica radical al sistema caciquil que había impedido la implantación de una verdadera democracia basada en las clases medias y la modernización económica y social del país.

 Tras estos años de transición (1898-1902). comienza la segunda etapa de la Restauración, el reinado de Alfonso XIII (1902-1931), la crisis del sistema ideado por Cánovas. esta es la fotografía de la España del nuevo siglo

Alfonso XIII y la crisis del sistema de la Restauración (1902-1931)

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ESPAÑA EN EL DINTEL DEL SIGLO XX

                   España es en 1900  una monarquía parlamentaria liberal – no exactamente democrática- basada en la Constitución de 1876 y en el turno de los partidos conservador y liberal que no son partidos políticos modernos, sino reuniones de notables construidas de arriba a bajo.

               El turno bipartidista se mantiene,  no sin dificultades, dejando en la marginalidad a las fuerzas políticas y neutralizando a los movimientos socialesque propugnan reformas y cambios  (republicanos, reformistas, nacionalistas -la Lliga-, partido reformista, movimientos obreros…)

               La práctica del caciquismo y el fraude electoral es posible por unas relaciones sociales pervivencia del Antiguo Régimen que, junto al analfabetismo y el alto índice de desmovilización popular  pese a la existencia de sufragio universal desde 1890,  anulan la representatividad real del pueblo español y marcan la distancia entre la “España oficial” y la “España real”. El continuismo y la importancia de la Iglesia y el Ejército en la vida social y politica eran signos del anacronismo y de la escasa modernización de nuestro país.

               Los cambios sociales y económicos de finales del siglo XIX y del XX crearán los conflictos y las contradicciones que, a través de sucesivas crisis y ante la falta de una auténtica adaptación del régimen a los “nuevos tiempos”, irán desmontando los pilares y bases políticas del sistema de la Restauración en cuatro fechas simbólicas: : 1912 (crisis del “turno” tras el asesinato de Canalejas), 1917 (crisis de las Cortes con la convocatoria de la Asamblea de Parlamentarios), 1923 (suspensión de la Constitución tras el golpe de Primo de Rivera) y finalmente en 1931 (exilio del rey, caída de la monarquía y proclamación de la Segunda República).

               Los  32 gobiernos con sus 16 jefes de gobierno entre 1901 y 1922 apenas lograron mantener el orden social y el funcionamiento de los aparatos del Estado: una  burocracia deficiente, un ejército descontento e intervencionista, polícia yrelaciones con la Iglesia. Los problemas se agolpaban y sucedían con el correr de los meses y años:                             

  • Insuficiente industrialización, cuestión agraria, problemas de modernización y desequilibrios regionales.
  • Desigualdades sociales, aumento de la conflictividad social, auge de los movimientos obreros reformistas y revolucionarios
  • Crisis de los partidos del turno y pérdida de su credibilidad política
  • Auge de los movimientos nacionalistas frente a la estructura centralizada del Estado
  • Ruptura progresiva entre los políticos y los militares y problemas del ejército.
  • La cuestión colonial en relación con el protectorado de Marruecos repercutirá gravemente en la vida política española. En las relaciones internacionales, España se había convertido en un juguete a merced de las potencias europeas.
  • Los enfrentamientos entre los defensores del papel social de la Iglesia-católicos, clericales-  y los partidarios de una sociedad secularizada, anticlericales: la cuestión religiosa como problema que divide a los españoles
  • El atraso en el proceso educativo y en la alfabetización de la población española.              

               España es una nación europea, si bien “sólo superior en deuda pública y generales” nos dice Valentí Almirall. Sigue siendo un país fundamentalmente agrario  con una agricultura de bajos rendimientos que requiere de una política económica proteccionista para sobrevivir. El crecimiento relativo de la producción agraria no supuso ningún aumento de la renta de los trabajadores del campo El 70% de la población activa corresponde al sector primario; el 16% al secundario (construcción y textil fundamentalmente); el 14% al sector servicios (servicio doméstico y burocracia….). La economía española, atrapada entre el latifundismo y minifundismo, con la reforma agraria pendiente, aparece dominada por una burguesía terrateniente: el 28% – y más aún en el sur-, de las tierras de cultivo son de más de 250 hectáreas; el 6% se encuentran en manos de la nobleza.

               Las dificultades de modernización son claras: en 1900, sólo en Cataluña y País Vasco existe una auténtica capitalización e inversión industrial, además de la burguesía comercial, financiera, de negocios de la capital de Estado, Madrid. El sector industrial adolece de una gran falta de competitividad debido a los elevados costes de producción y a la importación de patentes y materias primas. Esta realidad alimenta el proteccionismo reforzado. No obstante serán innegables los progresos del crecimiento industrial, si bien con altos costes sociales. En definitiva, se trata de un país que exporta productos agrícolas y materias primas y que importa fibras textiles y maquinaria; la aparición de grandes empresas y el crecimiento de sociedades anónimas coexiste con una vasta red de empresas pequeñas casi artesanales.

               Los 18 millones y medio de españoles de principios de siglo reflejan un crecimiento de la población con un cierto descenso de la natalidad y mortalidad, aunque con un índices inferiores a los principales países europeos. El matrimonio más tardío es una supervivencia de la familia patriarcal: es necesaria la aportación de los hijos mayores a la unidad económica familiar. Más del 63% son analfabetos (en Francia el 20%) y estos índices son mayores en el sur y entre la  población femenina.

               Las desigualdades sociales, pese al incremento de las clases medias, se  acentúan. El 75% de los españoles son jornaleros, pequeños propietarios, obreros industriales, mineros y trabajadores del sector servicios: el jornalero andaluz, el minero vasco y el obrero catalán son los símbolos de la clase trabajadora que se movilizará a través del socialismo (PSOE) -reformista , revolucionario- y del anarquismo  (CNT, tras 1910- sindicalista, insurrecional-. Entre el 15-20% unas exigüas clases medias de profesiones liberales, pequeños y medianos propietarios rurales y urbanos, burocracia, intelectuales: serán el caldo de cultivo del republicanismo.

               El 5-10% constituyen las clases altas: nobleza terrateniente, grandes arrendatarios, alta burguesía industrial, financiera, comercial, agraria. Forman el bloque de poder. Una oligarquía ministerial y parlamentaria  -expresión de la oligarquía económico-social-,  formaba una minoría bien relacionada que controlaba la política del país sirviendose de un parlamentarismo deformado por el caciquismo. Su origen social se encuentra en la nobleza, la burguesía y las clases medias injertadas en el sistema elitista del poder. Los grupos que monopolizaban el dominio económico del país (banqueros, empresarios, grandes propietarios agrarios controlaban la política y eran diputados, senadores, ministros. La ideología de estas élites y gobernantes se resume en este párrafo de Raimundo Fernández Villaverde: “Las desigualdades sociales son necesarias y salvadoras,  son como las desigualdades de la naturaleza a las cuales debe la naturaleza su desenvolvimiento y su vida”

               Así aprecia el historiador Tuñón de Lara la España que entra en el siglo XX:                             

               “Sí, rodaban los ferrocarriles y también unos cuantos automóviles por polvorientas vías que más parecían  caminos de herradura que carreteras; había elecciones y parlamento pero con trampa; la modernización de la prensa diaria (El Imparcial, ABC, El Debate…) con nuevas técnicas de difusión e información, hacían pensar que el inmovilismo era más aparente que real. La gran sacudida de la guerra mundial había de dar respuesta a este interrogante” 

 

 

 

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